La desigual batalla del hombre contra el átomo Por: Jahaziel reyes padilla


Se inicio hace mucho tiempo la desigual batalla del hombre contra el átomo, en esta batalla ha perdido la humanidad, de aquella que se creía poseía ya el control total de la alquimia moderna, dominadora de fuerzas mágicas, más allá del espectro de la materia, más allá de cualquier ciencia conocida hasta el momento. El hombre creyó encontrar una fuente inagotable de energía, sin darse cuenta provoco su propia hecatombe.

Fuerzas desconocidas del átomo, mantienen a la humanidad al margen de la desesperación, histeria colectiva, dolor, impotencia y nacimientos que concluyen en objetos altamente radioactivos, adefesios solo imaginados como mutantes anteriormente, hoy son el estigma de la huella invisible del desastre nuclear. Las aguas y los alimentos en este mundo resultan tan dañinos como la envidia, el odio y el desprecio que anteriormente la raza humana sentía por sí misma. Los únicos modos alimenticios e hidratantes, son sustancias sintéticas carentes de materia orgánica y nutritiva, que solo logran mitigar la sensación de hambre y sed. De la tierra no se puede obtener más que el mismo trato que le produjimos tiempo atrás, ella nos maldice dando frutos contaminados con el germen humano que aun a perdurado como blatodeos sin poder ser aniquilado ni por sí mismo.

El fin la era de la técnica a terminado y se inicia una nueva era de supervivencia; las rotativas de aquel día señalan desastre nuclear inminente. No se sabe donde comenzó, pero se sabe  que solo terminara cuando el germen humano desaparezca de esta faz de tan prolifera fertilidad antiguamente; y con tal desdén ahora nos mira con tonalidad burlesca.

Las personas de este desolado mundo, no son ni la mitad del humano que eran, no hay aprecio, no existe ya una distinción clara entre belleza y fealdad, no existen muestras de afecto, el más mínimo roce de piel podría arrancar de tajo un trozo de aquella ya tan delicada piel terrestre. Los nacimientos no son frecuentes, los abortos cubren más del 95% de los casos, los pocos nacimientos son aberraciones a la forma humanoide concebida, a estos adefesios se les denomina comúnmente personas.

El cielo contiene su propia maldición de varios siglos, con tonalidad rojiza de un carmín impresionante y desesperanzador para cualquiera que lo observase con plenitud, iluminaria como única referencia de exterioridad el planeta tierra para toda una eternidad. La única agua que podrá salir de este cielo rojo será la lluvia de la muerte, agua irradiada en la atmosfera que baja con furia para seguir matando ese germen, esa bacteria ya tan débil conocida como homos. La preciada agua que antes fue motivo de ritos místicos, grades fiestas que celebraban la llegada de tan vital líquido incoloro, seria después de varios siglos el motivo de miedo y lamentos por la llegada de aquel verdugo de ahora color rojinegro tan justo y reivindicativo como la propia naturaleza infinita y pura.

Cuando deje de palpitar el pulso humano dentro de esta tierra, aun fértil solo para aquella raza digna de sí. La naturaleza resurgirá de sus cenizas como fénix y una vez mas nos cobijara bajo su verde manto de frutos, de agua y de aire limpio.

Aquellos tiempos donde solía haber mariposas y arcoíris en la inmensidad de los paisajes más hermosos y fértiles que la tierra ha visto en sí misma, son recordados con tristeza por el hombre senil, los lamentos son comunes, porque la depresión es común en este mundo, la verdad humana es eso mismo, la tristeza; en este mundo donde ya no existe el retorno, no existe el fin último; la felicidad.

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